Cannabis Colombiano: Relato de Variedades Legendarias

Durante al menos dos siglos, en las exuberantes selvas colombianas, prosperaron variedades de cannabis importadas de África. Estas plantas, adaptándose al nuevo entorno, dieron origen a cepas únicas que, aunque guardaban reminiscencias de sus ancestros africanos, presentaban fenotipos adaptados a las condiciones colombianas.

Sin embargo, la intervención de traficantes extranjeros en los cultivos domésticos colombianos marcó un cambio significativo. Esta intervención no solo provocó la época de la Bonanza Marimbera, sino también la gradual desaparición de las razas autóctonas o landraces debido a las demandas del mercado ilegal.

Cannabis Fotodependiente en Colombia: La Pérdida de la Autenticidad

La desaparición casi total de las variedades autóctonas colombianas fue resultado de la introducción de semillas de variedades importadas y cruces con genética índica. Este enfoque tenía como objetivo acortar el tiempo de floración y aumentar la cantidad de cosechas anuales. La riqueza genética y la autenticidad de las cepas locales se vieron diluidas en este proceso.

El Néctar Colombiano: Variedades Autóctonas

Las variedades autóctonas de cannabis colombiano son principalmente sativas puras, caracterizadas por un crecimiento vigoroso y una floración prolongada. Este fenómeno se debe al fotoperiodo apenas cambiante de Colombia, debido a su proximidad al ecuador.

Estas variedades presentan un crecimiento súper vigoroso y flores alargadas, características que se adaptaron a la alta humedad ambiental y al clima cálido de la región. La maduración de estos cogollos a menudo está influenciada por diversos aspectos del cultivo, como la falta de nutrientes, el espacio para las raíces o la edad de la planta.

Variedades Emblemáticas: 

Santa Marta Gold:

Se trata de una sativa delgada, con un período de floración prolongado que puede extenderse durante tres meses o más. La estructura de estas plantas recuerda a un árbol de Navidad, con ramas esbeltas y cogollos delgados y resinosos.

La adaptación de estas variedades a las condiciones de la región de Santa Marta se refleja en su color claro y su estructura de crecimiento.

Estas plantas han prosperado en un entorno específico, y sus características son el resultado de la interacción única entre la genética original y las condiciones climáticas locales.

Colombian Gold:

Una de las variedades autóctonas más emblemáticas es la Colombian Gold, originaria de la región montañosa de Santa Marta. Su historia se remonta a épocas legendarias, donde se dice que Simón Bolívar la cató en sus viajes por el Amazonas. Esta sativa pura es de gran tamaño, con cogollos largos y esponjosos, y emana un aroma agrio con toques cítricos. Su efecto cerebral y activo la convierte en una opción codiciada, aunque encontrar su genética pura se ha vuelto un desafío.

Punto Rojo:

Otra variedad autóctona conocida en todo el mundo es la Punto Rojo, que forjó su fama en las décadas de los 70 y 80 en Sudamérica, Estados Unidos y Europa. Originaria del centro y norte de Colombia, es una sativa de floración extremadamente larga, con tendencia al hermafroditismo. Sus cogollos alargados y cubiertos de resina, junto con su intenso sabor frutal, la han convertido en una leyenda. Su efecto potente, estimulante y casi psicodélico la hace adecuada para consumidores experimentados.

En conclusión, las variedades autóctonas de cannabis colombiano, a pesar de enfrentar desafíos y cambios significativos en su historia, han dejado un legado duradero. Aunque la presión del mercado ilegal y la intervención extranjera hayan impactado la diversidad genética, la Colombian Gold y la Punto Rojo siguen siendo testimonios vivientes de la riqueza única que la tierra colombiana ofreció al mundo del cannabis.

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